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Corrupción y mala gestión política y económica, una responsabilidad del norte y el sur. Caso El Salvador.
Raúl Mijango
Presidente de PODES (Promoción y Organización de Discapacitados de El Salvador)

El salvador, “el pulgarcito de América” como lo llamó el poeta Roque Dalton García, con apenas 20,000K2, con una densidad poblacional que alcanza los siete millones de habitantes, ubicado en la costa del pacífico en el mero centro de América, no escapa, pese a su medudez al ataque del cáncer que carcome a los cuerpos de las mayorías de estados y sociedades del mundo: la corrupción y la mala gestión pública.

La corrupción, como muy bien la define el nicaragüense: Oscar René Vargas en su libro los “Círculos del infierno”, “Es un vicio tan viejo como el hombre (Ser humano) y tan actual como las alergias. Tiene expresiones muy variadas dependiendo del tiempo y del espacio, es decir, de la época y del ámbito cultural. Es una actitud opuesta al interés público y al bienestar común. Tiende a acentuar las desigualdades sociales y debilita la gobernabilidad democrática. Como si fuera una plaga inatajable, la corrupción ha ido apoderándose de ministerios, entidades públicas, empresas privadas, cuyos funcionarios (funcionariado) han ido sucumbiendo ante las tentaciones de las coimas y del dinero fácil”

Sin lugar a dudas, mucha de la pobreza económica que abate al mundo de nuestros días, es consecuencia directa de la corrupción ¿A cuánto ascenderán los montos que la corrupción drena por mes o por año a la economía nacional?, hasta hoy no hay forma para saberlo y cuantificarlo porque esta es una actividad que se desarrolla en la clandestinidad y que cuenta con la complicidad social, es casi vista como un mal necesario y el cohecho un acto tan natural del cual se puede hacer uso en caso de necesidad. Las sumas de dinero sustraídas que se conocen, son las de aquellos casos que de cuando en vez se destapan ya sea porque el corrupto alguna infidelidad cometió con su corruptor o no fue fiel con aquellos que le ayudan a consumar el acto de corrupción, lo cierto es, que las cantidades de las que se habla sorprenden e insultan la inteligencia humana. ¿Cuantos casos más sin destapar existirán? ¿A cuanto ascenderán sus montos? No sabemos, lo que sí podemos asegurar es que la corrupción empobrece a naciones y pueblos, limitando la inversión pública en el desarrollo socio-económico, inflama los costos de las obras y el valor de compra de bienes y servicios y no deja forma de optimizar la inversión de los recursos públicos.

Los gobiernos (nacionales o locales) que ganan los partidos hoy en día en la mayor parte del mundo, son producto de la corrupción, independientemente de la forma legítima de los sistemas democráticos que se usen para hacer su elección. Donde se consuma el acto de corrupción es en las fuentes de financiamiento de las campañas electorales que se desarrollan. Los que ayudan (invierten) económicamente para las campañas, raras veces lo hacen por patriotismo, por altruismo o porque son amantes esquizofrénicos de la democracia, lo hacen en concepto de inversión para recibir posteriormente beneficios que en la mayoría de los casos se multiplica en varias veces en relación con lo aportado. Esto se da, principalmente en nuestro país, por la ausencia de una ley que regule a los partidos políticos y norme su régimen y sistema de financiamiento. El éxito o fracaso de una campaña electoral ya no está focalizado en la propuesta o proyecto político ni en el carisma de los candidatos, todo ello ha pasado a planos secundarios. Lo que hoy importa es cuánto se tiene para publicidad, propaganda, movilidad, subvenires, eventos y demás logística.

El uso abusivo del poder del Estado por parte del partido en el gobierno para favorecer a sus financiadores y a pequeños segmentos sociales; la impunidad en la que se escudan y protegen los funcionarios que manejan recursos públicos o los que tienen posibilidades de incidir en la decisión de su inversión; el corrompido sistema judicial y la insaciable voracidad de los empresarios privados, son el caldo de cultivo de la corrupción en el país. Ésto al final lo sume más en la pobreza, ampliándose la brecha social entre los pobres que pagan los costos de las medidas de ajuste estructural recomendadas(mas bien, condicionadas por los organismos financieros internacionales) y el pequeño segmento social que es el que se apropia de los beneficios del reducido 2% de crecimiento que apenas experimenta la economía.

Casos para ilustrar la corrupción en El Salvador y demostrar que no se está hablando especulativamente o de algo abstracto, existen a montones. Estos van desde el Policía que pide “mordida” para dispensar una infracción de tránsito. El juez que a cambio de dinero sobresee a infractores de la ley amparado en el tecnicismo de falta de robustez en la prueba. Burocracias estatales y municipales que se dejan lubricar con dinero para agilizar y resolver con prontitud una solicitud o un trámite determinado. Empresarios que dan porcentajes a cambio de ganar “legalmente” licitaciones. Funcionarios que sucumben ante las coimas y prebendas y hacen mal uso de los recursos públicos. Legisladores que aprueban leyes que favorecen la corrupción, como por ejemplo: la inversión de recursos públicos para salvar de la quiebra a entidades financieras privadas que administran ahorro público y que han sido mal administradas. Viciadas privatizaciones de entidades bancarias y previsionales, entre otras.

Todo lo anterior, sin contar con el despilfarro en los lujos que se dan los funcionarios: carros, continuos viajes, viáticos exorbitantes, enormes dietas por un par de horas de reunión al mes, que en su mayor parte, son para la toma de decisiones en las cuales se busca favorecer a alguno que a dado u ofrecido algo a cambio, incurriendo con ello doblemente en delito. La práctica actual ha demostrado que el incurrir en el cohecho no tiene diferencias ideológicas, igual incurren los de derecha, los de izquierda y los que se autodenominan centristas también.

No obstante, el que la corrupción tenga expresiones nacionales y en ella se presenten rasgos de la cultura de cada pueblo, la responsabilidad de que la misma exista, se desarrolle y no se pueda superar, no es exclusivamente nacional. Las naciones del norte y los organismos financieros internacionales tienen en ello mucha responsabilidad. Las naciones grandes, ricas y poderosas han sido corruptoras de las naciones pobres o en vías de desarrollo, el chantaje, las presiones económicas, las presiones políticas, los condicionamientos para ayudas o prestamos y otros tantos mecanismos de presión internacional que existen, han corrompido la actuación de los Estados nacionales, los que han trasladado a lo nacional el uso de esas prácticas. Entonces, la mala gestión política y económica y los niveles de corrupción que experimentan nuestros Estados son responsabilidad tanto del sur como del norte.

Auque parezca una plaga inatajable o un cáncer sin cura, la corrupción debe ser enfrentada y extirpada porque empobrece a las naciones tanto en lo económico, como en lo moral también. Los mismos mecanismos que se han usado para corromper deben ser los que sirvan para eliminar la corrupción: debe condicionarse cualquier tipo de ayuda a un país a la existencia de marcos regulatorios que aseguren transparencia en el manejo de fondos, tanto públicos como privados y leyes que eleven a delito grave el cohecho, sancionando con especial rigor tanto a corruptos como a corruptores. Este es el desafió de los nuevos tiempos, no asumirlo implica complicidad.
 

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