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La mujer salvadoreña da la cara a los terremotos (El
Salvador) |
Rosa
Alba Lara Argueta
Coordinadora del Programa de Salud
Mental por Traumas a partir de los Terremotos de 2001, en las
comunidades Miraflores Abajo, Concepción y La Ceiba,
en el municipio de Candelaria del departamento de Cuscatlán
(El Salvador)
Institución en la que laboró mientras desempeñó
el cargo: ORMUSA (Organización de Mujeres Salvadoreñas)
Todas y todos en El Salvador nos vimos afectados de alguna manera
por los terremotos de 2001. Sin embargo, quienes más
sufrimiento y vulnerabilidad presentaron fueron las mujeres,
especialmente aquellas que viven en el área rural.
La mujer campesina es quien se encarga del cuidado y responsabilidad
de los hijos y las hijas, se preocupa por la alimentación,
en caso de no tener agua potable ella es quien se encarga del
acarreo de la misma para lo cual camina largas distancias a
los ríos y de esta manera llevar el agua a casa. Las
mujeres son el centro del funcionamiento del hogar. Aún
con todo esto, con los terremotos de 2001 la mujer campesina
adquirió sobrecargas adicionales: la reconstrucción
de sus casas y la estabilización emocional de su familia.
En
el 2001, la tierra se sacudió en cuestión de segundos.
Miles de habitantes de diversas comunidades no pudieron sacar
de sus viviendas a sus familias ni sus pertenencias. Personas
y cosas, por igual, quedaron soterradas bajo escombros. En el
campo, las casas están construidas con materiales como
el lodo, tierra, palmas, lámina, varas de bambú,
entre otros; es por eso que el 13 de enero y el 13 de febrero,
gran parte de la población salvadoreña quedó
sin familia y sin vivienda.
Ante esta situación, el protagonismo de la mujer en el
desarrollo de la familia y del país se hizo todavía
más evidente, y más en aquellas de escasos recursos.
Quien no tuviera casa tenía que construirla y a quien
le faltara alimento tenía que buscarlo, puesto que de
eso dependía su sobrevivencia. Las cosas no eran fáciles
y menos para las mujeres.
Por la emergencia, en las comunidades se crearon albergues provisionales.
En estos lugares, muchas mujeres sufrieron acoso y abuso sexual
que se agravaba por el hacinamiento en el que se encontraban.
El Salvador estaba a medio andar, los alimentos eran escasos,
la ayuda no era repartida en todos los lugares afectados, lo
que volvía todavía más crítica la
situación de muchas personas y la de las mujeres en especial.
Cosas tan esenciales como toallas sanitarias, la ropa interior
femenina o los pañales desechables eran muy escasos.
Para las mujeres, era difícil bajar a los distantes ríos
para lavar por lo peligroso de derrumbes o el miedo a nuevos
terremotos.
Hasta hace poco, el trabajo, las capacidades y el rol activo
de la mujer también estaba como en voz baja. Como que
se daba por hecho pero se pasaba de lado. Los terremotos en
El Salvador dieron la pauta para que en muchas instituciones
hubiese más preocupación por el desarrollo de
las mujeres, pero todavía falta mucho.
Desde mi experiencia y a partir de los terremotos de 2001, he
identificado dos tipos de reconstrucciones en las que la mujer
ha sido parte fundamental. La primera se refiere a la reconstrucción
física de las comunidades; la segunda, en la que he trabajado
personalmente y a la que me he dedicado con empeño, es
la reconstrucción emocional. Ambas se han ido dando lentamente.
La
reconstrucción emocional ha sido importante para iniciar
el proceso de reconstrucción física. Las terapias
de salud emocional, de relajamiento y terapias ocupacionales
fueron y siguen siendo fundamentales puesto que las heridas
no han sido sanadas por completo.
En el departamento de Cuscatlán (El Salvador), creamos
un programa llamado "Red contra la violencia intrafamiliar"
con el objetivo de que las alcaldías, unidades de salud,
iglesias y otras instituciones trabajaran, especialmente con
las mujeres, en el tema de violencia intrafamiliar y de género.
Con la formación de esta red, me pareció interesante
el comentario que un párroco me hizo en cierta ocasión:
"No me extraña el aumento de denuncias por parte
de las mujeres sobre violencia intrafamiliar; al contrario,
me da gusto que el número sea alto porque eso quiere
decir que las personas están siendo informadas y formadas
en cuestión de Derechos Humanos". Ciertamente, a
partir de los procesos educativos y de información que
realizamos, logramos que muchas mujeres se animaran a tomar
acciones que antes no habían hecho por desinformación,
miedo o conformismo. Lastimosamente, por falta de presupuesto
no se hizo un registro formal de todas las denuncias recibidas
en el período que duró nuestro trabajo. En este
aspecto, hay mucho por hacer y se requiere de esfuerzos que
estén en función de un desarrollo de largo plazo
y no solo de ayuda inmediata.
De mi parte me siento muy satisfecha con los logros que hemos
ido obteniendo con la potencialización de lideresas comunales,
involucramiento de las mujeres en la planificación estratégica
para la reconstrucción de las comunidades, foros-debate
sobre el papel de la mujer en la reconstrucción del país,
entre otras cosas.
En
una de las terapias con algunas mujeres que atendí, ellas
manifestaron que haber pasado por los terremotos fue como haber
pasado en un segundo a otro mundo. Pero es preciso señalar,
que la falta de vivienda digna, el alimento, la seguridad social
física y emocional, y otros aspectos de igual importancia
como la educación, ya contaban con muchas dificultades.
Culpar a los terremotos de las tragedias no sería justo
porque sería como culpar a la naturaleza sólo
por seguir su curso normal. A las tragedias no es necesario
verlas con lupa, sin con la razón. Cómo no vamos
a tener catástrofes cuando se construyen viviendas de
bahareque (lodo, tierra, varas de bambú y madera), cómo
no vamos a tener habitantes pasivos cuando no les damos las
herramientas ni las oportunidades necesarias para que sean productivos.
En este sentido, las catástrofes no siempre son naturales,
pues se vienen incubando evidentemente pero en silencio.
Existe todavía la gran necesidad de crear y desarrollar
nuevos espacios en donde los aportes de la mujer sean potenciados
y reconocidos socialmente. La potencialidad del desarrollo de
la mujer no nace desde los eventos naturales sino de las oportunidades
que se le ofrezcan. |
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