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Dra. Tania Caram León.
Profesora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales
(FLACSO)
Programa Cuba. Universidad de La Habana. |
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| Mujeres y Participación social: |
| Reflexiones sobre el caso cubano |
Se ha demostrado que a través de los cambios que genera
la educación, las mujeres pueden transitar hacia un proceso
de participación social que le permite acceder a un mayor y
progresivo empoderamiento (Caram, 2000).
Uno de los factores decisivos para combatir la desigualdad y la subordinación
femenina, es la posibilidad de acceder al conocimiento. Es mi criterio
que existe una estrecha relación entre alfabetización,
nivel de educación y posibilidad de participación de
las mujeres: mientras más nivel escolar tengan las mujeres,
mayor será su posibilidad de acceso a un empleo mejor remunerado,
mayores sus posibilidades de preservar su salud y la de sus hijos
e hijas y de una mayor participación en la toma de decisiones
tanto a nivel social como privado.
La educación general y la educación superior han estado
entre los objetivos priorizados de la sociedad cubana desde 1959.
A partir de esta fecha, las mujeres se incorporan como beneficiarias
y protagonistas al proceso educacional promovido en el país
para toda la población.
Desde sus inicios las políticas sociales trazadas establecieron
las bases para lograr la participación e integración
social femenina. La Federación de Mujeres Cubanas (FMC) ha
desarrollado una importante labor en el reconocimiento y difusión
de estos resultados, y ha contribuido al nexo entre el entorno cultural,
la educación y el género en Cuba. La mujer ha sido receptora
de las políticas sociales aplicadas a toda la población,
y de las diseñadas especialmente para ella, como beneficiaria
especial y protagonista esencial de los cambios establecidos.
Antes del año 1959 las mujeres representaban sólo el
12% del total de la fuerza de trabajo del país. En la década
de los 60, se produce un importante proceso de recalificación
de las mujeres, y una acumulación de conocimientos de amplia
gama que contribuyen a su participación social. Así
fueron los cursos para aprender a coser, convocados por la FMC, que
actuaron como pivotes de reinserción social y extensionismo
cultural para las jóvenes campesinas que lo recibieron. También
la FMC organizó escuelas para recalificar a antiguas domésticas,
personal femenino de servicios, campesinas y ex-prostitutas.
Durante la Campaña de Alfabetización, en 1961, las mujeres
fueron el 55% de los alfabetizados, y el 59% de los alfabetizadores.
Este proceso significó, además, una dialéctica
de interacción generacional entre los alfabetizadores y sus
familiares. Desde 1990 la población cubana posee un nivel promedio
de escolaridad de 9no. Grado.
En forma acelerada la mujer alcanza una recalificación que
le otorga la potencialidad de la participación con grandes
posibilidades de equidad. Su incorporación al tercer nivel
de la enseñanza ocurre en forma ascendente y cualitativamente
diferenciado, al acceder a las carreras tradicionalmente clasificadas
como masculinas. Son el 62 % del total de la población estudiantil
en el curso 2002 – 2003. De las nueves áreas del conocimiento
que se estudian en el país ella son más del 50% en seis
de ellas. En cuanto a las egresadas, en el curso 2001 - 2002 se reporta
que del total de egresados de Educación Superior, el 64,7%
fueron mujeres (MES, 2004). La crisis que sufre el país en
los noventa no cambia sustancialmente ésta situación.
Importante papel reviste la presencia de las mujeres en el total del
personal docente, tanto en la educación en general como en
la educación superior en particular. Ellas son más del
46% del profesorado del tercer nivel, el más alto de América
Latina (Valdés, 1995), contribuyendo así a la formación
de las nuevas generaciones y a la preparación de la fuerza
de trabajo calificada de nivel superior del país.
Hoy día, algunas cifras bastan para aquilatar las profundas
transformaciones sociales que acompañan el progresivo empoderamiento
femenino en Cuba. Las mujeres son en la actualidad el 44% de la fuerza
laboral, el 50% de la población ocupada con nivel superior,
65% de los profesionales y técnicos, el 60% de los maestros
y profesores, el 50% de la fuerza laboral vinculada a la ciencia e
innovación tecnológica y el 35% de los parlamentarios
(ONE, 2004).
Los cambios ocurridos son importantes tanto cuantitativa como cualitativamente.
La intensidad de los cambios es impresionante, pero a veces por cotidiano,
no se valora en toda su magnitud el proceso transformador que ha permitido
la integración de las mujeres.
No obstante, aún existen obstáculos para la plena integración
social de las mujeres relacionados con el poder y la participación
de las mujeres en diferentes ámbitos de la vida social y privada.
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Bibliografía citada:
Caram, Tania (2000) Mujer cubana y participación social: un
estudio sobre el empoderamiento femenino en Cuba. Tesis en opción
al grado científico de Doctora en Ciencias de la Educación.
Universidad de La Habana. La Habana.
FMC (1996) Las cubanas: de Beijing al 2000, Carolina Aguilar e Isabel
Moya (Ed), Editorial de la Mujer, La Habana.
MES (2004) Series estadísticas del Ministerio de Educación
Superior (MES). Resumen Nacional. La Habana.
ONE (2004) Panorama económico-social de Cuba. Oficina Nacional
de Estadísticas, La Habana.
Valdés, Teresa, Enriquez, Gomariz (coordinadores), (1995) Mujeres
Latinoamericanas en Cifras, Tomo Comparativo, Instituto de la Mujer,
Ministerio de Asuntos Sociales de España y Facultad Latinoamericana
de Ciencias Sociales (FLACSO). |
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